La calle de los Animales. Madrid.
Paseaba a comprarme un gato. Alba se había muerto hacía una semana de pena –eso creía yo- pero no había sido de la suya, sino de la que había engullido de mi comida que me robaba todas las noches. Iba a comprarme un gato esta vez a expensas de saber de sus manías en la época de celo, los círculos amarillentos… ¿Pero es que nosotros no tenemos manías? Quería que me regalaran un gato, esa era la verdad, con círculo y todo.
Había un sol tibio. El murmullo chispeante de las voces de domingo. Chismes, sandalias, pipas, marihuana, chaquetas, botas de militar, Manolo aquél, mi primo el de Valencia, el sueño entre los ojos, la borrachera de anoche. David había desaparecido.
Os vi paseante y tranquilas. Con las gafas de sol a cuestas y os seguí la pista. Me gustaba veros de lejos. Intuía aquellos ojos azules que no se veían. Las risas, las mismas. No había dejado de quereros. ¿Era una cobardía espiaros? ¡Qué guapas estabais! Tranquilas, bellas mujeres que viajaban en mi memoria, con las botas que se anudaban en los trenes, quizá en una mueca de ausentismo que no deseaba cumplirse. Deseaba y no desea que se cruzaran vuestros cordones con los míos… ¿los habríamos inventado?
Un reloj muy usado. Posters, mecheros sin piedra, sonidos ululantes de flautas de esas de ocho cañas, de colores de indios mezclados con bambú. Un pastillero celeste a juego con el cielo que había alcanzado un día a vuestro lado, con los ojos que me llevaban dos metros de distancia. A su lado, su amor de verano, invierno, primavera y otoño entero. El de los poemas guardados, el de los árboles. El que nos hacía morir y hacer reuniones para “arreglarlo”. Postales. Muchas postales, compradas, regaladas, dedicadas….Muchos regalos.
Mi gato también esperaba a que fuese regalado. Era blanco y negro –como la revista- e iba a llamarlo Sisters. En recuerdo de tantas cosas. Una camisa morada, un perfume de lilas, otro de magnolias, papelitos impregnados con aromas de otros otoños. Canciones piratas del “Abuelo que fue Picaor…”. Arriba en cascorro os parasteis. Una de vosotras fumando, la otra no. Fácil adivinanza. Os besasteis en los labios y me di cuenta de que lloraba. Por los años perdidos o ganados ¡quién sabe si en indiferencia o madurez! Lloraba de pena por haberme perdido muchos besos, muchas tardes, muchos consejos, muchos llantos. Por haber ganado independencia. Por haberme encontrado.
Seguimos andando. Haciendo ahora un círculo para volver a bajar. Os comprasteis una camiseta pintada a mano, una cada una. Ella se quedó con la más bonita. Otro cigarro en los mismos labios. Reíais sin parar agarradas del brazo. Os cambiasteis la chupa. El sol se había ido a tomar un café. Camisas de mil rayitas, pipas de marihuana, pendientes de resina, anillos de cuero, aritos, cristal de Murano. Fulares de colores, sandalias de cuero, pantalones de camuflaje, cinturones sin hebilla, revistas de posguerra.
Os peleabais. Otro beso. Se nos acabó la calle. ¿Se acabó el domingo? ¿Se acabó veros? ¿Hacia donde vais? ¡Habéis olvidado comprar una pluma estilográfica! ¡En los libros hay ofertas! ¿No necesitáis un monedero?
Os vi alejaros. Dejé de seguiros. Os perdí entre la gente. Adiós. Os quiero. Quizá os llame algún día.
Me acerqué a una mujer que me llamaba y me regaló un gato. Le puse “Sisters”. Regresé a casa y escribí este cuento. Colorín, colorado, éste se ha acabado.
Abril. 1997
Pdta: Este mes de este año no me hablaba con vosotras. Y no recuerdo muy bien por qué. Pero lo que tengo claro es la tristeza y lo mal que le sentaba a mi alma este hecho. Prometo no volver a hacerlo jamás.
Este cuento lo he encontrado escondido en el cajón de los recuerdos esta bella mañana de domingo y…quiero regalároslo.
Gracias por todo. Por quereros tanto, y por quererme...tantos años.
